Sábado, Julio 17, 2021
Política

Un día como hoy, hace 41 años, Bolivia sufrió el último golpe de Estado con asesinatos, militarización, toques de queda

BOLIVIA, La Paz, 17 de Julio de 2021 (GPA). El 17 de julio de 1980 el general Luis García Meza dirigió el último golpe de Estado en Bolivia, ejecutando en paralelo operativos militares y para militares para asesinar a líderes políticos, dirigentes sindicales y tomar por asalto palacio de gobierno.

Así fue recordado hoy por varios políticos e historiadores nacionales entre ellos Carlos Mesa, quien describió en su cuenta de Twitter cómo es un verdadero golpe de Estado, tan cruel y sangriento como el que ejecutaron Luis García Meza y el coronel Luis Arce Gómez.

“Un 17 de Julio de 1980, se consumó el último golpe de Estado que tuvimos en Bolivia. Cierre del Congreso, toque de queda, militarización, censura a los medios, persecución y asesinatos, fueron parte de ese episodio trágico que no permitiremos que se repita”, manifestó Mesa.

El recordatorio ocurre a casi ocho meses de las acciones político judiciales emprendidas por el Movimiento Al Socialismo (MAS) en contra de la expresidenta transitoria, Jeanine Áñez y sus ministros, con el argumento de la teoría del golpe de Estado, y con el Ministerio Público intentando armar un juicio por terrorismo, sedición y conspiración.

¿Cómo fue el último golpe de Estado en Bolivia?, el periodista Edgar Ramos lo retrata lo más didácticamente posible:

Influido por el exdictador Hugo Bánzer Suárez -quien estaba atormentado por el juicio impulsado por Marcelo Quiroga Santa Cruz en el Parlamento- el 17 de julio 1980, Luis García Meza dio golpe de Estado junto a su ministro Luis Arce y sus paramilitares.

Ambos hicieron detener, exiliar, matar y desaparecer a mucha gente. El 2021 más de 6.000 víctimas de la violencia política se reúnen en la Carpa El Prado de La Paz, buscando Memoria, Verdad, Justicia y No Repetición. Por ello, basados en el libro “Libres” del Movimiento de Mujeres Libertad, y archivos personales, intentemos explicar. ¿Qué nos pasó?.

CASO YOLANDA CALDERÓN CASTRO.

Ella era secretaria de profesión. En la década de 1970 trabajó en el Ministerio de Educación y llegó a ser dirigenta nacional de los empleados públicos y luego secretaria de Conflictos de la COB y dirigente departamental del Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional PRIN y, como tal en 1971 fue elegida a la Asamblea del Pueblo, que intentó reemplazar al Parlamento el que desde siempre fue elitista o actuaba con mezquindad partidaria.

En la página 94 del indicado libro, Yolanda relata que el 17 de julio 1980, varios dirigentes no asistieron a la reunión en la COB en El Prado. Faltaron Aldo Flores, José María Palacios, quienes se salvaron de milagro de las atrocidades. “Yo escapé de la COB y llegué al edificio del ex Cine Bolívar, ahí encontré a Hernán Siles que también pudo escapar. Vi los disparos a Marcelo Quiroga, Carlos Flores y a Gualberto Vega… Volví a mi casa y un día, cuando trabajaba en el Colegio Nocturno de Munaypata, aparecieron agentes de la temible 'Dirección de Orden Político DOP' y me llevaron a Ministerio del Interior; allá me destrozaron la columna vertebral… Otra noche, cuando llegaba al colegio, los agentes de DOP me esperaban y me llevaron al DOP y estuve tres meses… En la década de 2000 un día fui a la COB, me encontré con Jaime Solares. Le dije en persona que me daba mucha vergüenza que una persona como él dirija la COB”.

CASO VALENTINA JURADO ESCOBAR.

En la página 195 de “Libres” Valentina recuerda que “los mecanismos de represión y abuso a la sociedad fueron, son y serán siempre para el que está en desigualdad; de duras consecuencias. Me es difícil concentrarme para escribir y detallar porque vienen a mi memoria recuerdos dolorosos con nudos de llanto en mi garganta…”.

“En 1980, luego del Golpe de García Meza, una noche a eso de horas 21:00 en pleno Toque de Queda, en la zona Garita de Lima fui brutalmente detenida e introducida a una de las vagonetas del tenebroso ‘Servicio Especial de Seguridad SES’, habían seis varones sin uniforme. Uno joven, de origen afro que era chofer. Los otros eran de mayor edad. Dentro del auto procedieron a abusarme sexualmente. Eran enormes y fornidos personajes, crueles y sin remordimiento. Les suplicaba que no me hicieran daño; no me oían, no sentían mi dolor. Sentí que el auto paró y los hombres salieron. Solo quedó el chofer. Quedé acurrucada en ese auto hasta que amaneció y, como pude, volví a casa… Pasado un tiempo “intenté hacer un juicio pero no tenía dinero suficiente y con mi madre vimos que no existía justicia”.

El caso DICTADURA GARCÍA MEZA.

En julio de 1980, García Meza encabezó el “Proceso de Reconstrucción Nacional” que, copiando el cruel modelo Bánzer, implicó: supresión de sindicatos, clausura de escuelas, colegios y universidades, persecución, muerte o desaparición a dirigentes sindicales, con apoyo de torturadores, argentinos, italianos y alemanes, como indica el Informe de la Comisión de la Verdad Bolivia 1964-1982: Miguel Angel Benazzi, Franz Josef Boefle, Carli Mario Alberto Bonomi, Emilio Barbone, Benjamín Cristoroforetti, Oliver Danet, Stefano Delle Chiaie, Julio césar Durnad, Joachim Kieberkorn, Napoleón Forlangier, Martín Gonzales Bonorino, Osvaldo Guarnaccia, Kay Gwtmer, Albert Van Ingelon, Hans Jüergen Manfred Konter, Herbert Koplin, Manfred Kullman, Hans Landowski, Heinz, Lauer, Maurice Napoleón Leclere, Victor Mendíaz, Alfredo Mario Mingolla, Montreza, Atilio Benito Moya, Pierluigui Pagliai, Antoni Pernía, Oscar Sagra, Jean Schramme, Hans Joachim Stellfeld, Roger van De Zande, Carsten Vollner, Wolfgang Walterkirche, “Capitán” Schelling y, Klaus Barbi conocido mundialmente como “Carnicero de Lyon” entre otros.

El 12 de febrero 1980 Luis Arce Gómez y Barbie firmaron un Convenio, que indica: “I. Yo, Klaus Altmann Hansen me comprometo a prestar servicios de orden incondicional con el Ejército de Bolivia dentro de la especialidad de inteligencia. II. Asimismo me comprometo a participar directamente en el planeamiento y operaciones que requiera el Ejército de Bolivia y donde se requiera mi participación activa. III. Me comprometo a guardar reserva en cuanto se realice, exista, conozca o participe, poniendo como garantía mi vida. IV. Yo, Cnl DAEM Luis Arce Gómez, a nombre del Ejército Nacional, con las atribuciones que me competen, otorgo con venia de la superioridad el grado de Tcnl Honorífico (del Ejército boliviano) al Sr Klaus Altmann Hansen”.

En esos términos el periodista Edgar Ramos retrata lo que fue él último golpe de Estado en Bolivia, donde la crueldad y la violación de los derechos humanos no tuvo límites. El cierre del parlamento, la persecución y asesinatos selectivos, el toque de queda, los ataques armados a las radio emisoras, el exilio, la tortura fueron prácticas de todos los días en el último golpe de Estado a la que fue presidenta Lidia Gueiler Tejada, quien fue defenestrada por el golpe militar.

Dos testigos cercanos de ambos hechos (del golpe y su enjuiciamiento), Olga Flores Bedregal y Juan del Granado Cossío, y pese a las diferencias que tienen sobre la percepción de los mismos, coinciden en que no son pocas ni menores las cuestiones pendientes, y “pendientes” no solo por el interés histórico, sino por la consecuencia práctica que alcanza a nuestros días de democracia.

Cuando Olga Flores era presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional (Asofamd), en 1993, impulsó la publicación del libro Acusación a la dictadura del narcotráfico, que fue una suerte de versión de los familiares de lo que en verdad debió ser el juicio a la dictadura garciamecista.

El texto “contiene información muy importante; ahí detallamos la lista de paramilitares; la Corte determina que deben seguirse procesos ordinarios, pero nunca se ha cumplido”. Una muestra de esta falencia, por ejemplo, asegura Flores, es que “nunca se dio de baja a García Meza” y otros responsables de la represión.

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